Esta explicación de las monjas a los visitantes resume
toda una concepción de la vida de clausura, condición
que es respetada en primer lugar por la arquitectura de
los conventos: los muros exteriores de dimensiones altas
protegen la privacidad de la vida conventual evitando
las miradas indiscretas que desde otros edificios se podría
tener hacia el interior del monasterio. La falta de ventanas
hacia el exterior volvía oscuras las celdas o habitaciones
de las religiosas y demás dependencias del monasterio,
aspecto que era solucionado mediante la construcción de
grandes patios solariegos que proporcionaban una delicada
iluminación, la necesaria para la lectura y la oración.
La arquitectura del Convento de la Concepción de Riobamba
es de características sobrias y en la que se utilizaron
materiales y técnicas constructivas muy tradicionales:
anchas paredes de adobe y muros secundarios de bahareque.
En ambos sistemas se emplea el barro amasado y mezclado
con paja. La arcilla cocida es empleada en las tejas que
cubren los techados y en los pisos de los frescos pasillos
enmarcados por rústicos pilares de madera.
El museo fue instalado en 1980 en una
sección del Convento, sector que previamente fue restaurado
respetando íntegramente su imagen original. Los nuevos
aportes consistieron en la adecuación de dos patios en
los que se incorporaron fuentes de piedra, bancas y pisos
de adoquín. La respetuosa y delicada intervención técnica
realizada por los Museos del Banco Central del Ecuador,
permite transmitir a los visitantes el ambiente propio
de recogimiento y serenidad conventuales.